12/10/09

La venganza debe servirse fría



-Es ese- pienso mientras contemplo con descaro al tipo acodado en la barra. Está muy bueno, él lo sabe, y yo también.
Soy demasiado joven para él, creo que no reparará en mi edad, o quizás sí. Lamento no ser mayor, lamento no tener dos hermosas tetas y un culo respingón, apenas soy un proyecto de mujer que tiene que seducir a un tipo habituado a seducir, habituado a seducir mujeres y no casi niñas como yo.
Pero lo intento. Soy observadora, he visto cómo lo hacen otras más expertas y me pongo a ello con ganas.
Paso una y otra vez por su lado, con cualquier pretexto: que voy a los servicios, que quiero ver unas revistas, que... una y otra vez me rozo con su espalda. Mis pezones se erizan y en su pequeñez, parecen armas que le apuntan con descaro.
Me siento, cruzo y descruzo mis delgadas piernas, mientras masco chicle, saco la lengua para hacer globitos- creo que eso les pone mucho, la lengua- y finalmente, respondiendo a mis sonrisas y arrumacos se acerca arrastrando los pies, como si le costase un gran esfuerzo andar.
-Hola nena, ¿te gusta lo que ves?- sus ojos tan de cerca casi me dan miedo, ahora- ¿estás vacilando conmigo o quieres guerra?
Su proximidad me impone, me sobrepongo para mantener mi sonrisa de Lolita mala.
-Vamos a cualquier sitio y lo compruebas- le miro a los ojos, sin miedo, con burla, con una promesa que no puede entender.
-Está bien, brujilla. Vamos- me coge por el codo y salimos de la cafetería. Dice tener el coche cerca y caminamos en silencio. Su brazo pasa sobre mis hombros y mi costado queda pegado al suyo al caminar. Mis piernas tiemblan pero él no lo nota.
Una vez dentro del coche me mira, coloca una zarpa de oso sobre mi muslo y pregunta:
-¿Dónde prefieres?
-En mi casa. Mis padres están de viaje todo el fin de semana- tomo su mano y la subo hasta mi sexo, quiero que entienda lo fácil que le voy a ser.
Por la calle pasa gente caminando, retira la mano de inmediato, es demasiado evidente la diferencia de edad entre nosotros. Parece algo cohibido por mi agresividad.
-Oye, ¿no serás menor de edad?
-Y tú, ¿no serás un gilipollas impotente?
Llegamos a casa, un unifamiliar en las afueras y, tras tontear con él por toda la casa, le llevo al salón.
-¿Qué te parece el sofá? pregunto mirándole con toda intención- ¿será suficiente? Yo ocupo poco y si me coloco encima... menos aún.
-Eres una putita en construcción, ¿no te lo han dicho nunca?- el gran paquete deforma su pantalón.
-Siéntate, traeré unas bebidas.
Y las traigo, y le entrego un vaso alargado, con mucho hielo y cositas dentro. Se está excitando visiblemente con mis juegos y el frío combinado le viene bien. Bebe varios sorbos hasta vaciarlo.
-Tráeme otro, pequeña- ordena recuperando su papel de macho.
No le hago caso, continuo moviendo mis piernas, abriendo y cerrando los muslos frente a él... esperando, esperando.
Y, de repente, suelta el vaso que rebota en la alfombra, sin romperse, y cae sobre el sofá como un muñeco roto.
Un inmenso suspiro relaja la tremenda tensión de todo mi cuerpo. Me aproximo y le quito el cinturón, abro el pantalón y tiro de él hasta dejarlo enrollado en los tobillos. Luego, dudo un instante, sólo un instante. Tiro del calzoncillo y mis ojos de adolescente observan de cerca, muy de cerca, el sexo de un violador.
Saco del bolsillo trasero del pantalón el cutex y, en ese momento, la cabeza del durmiente se eleva, me mira con ojos de borracho y, por un momento, temo que me sujete con sus grandes manazas e inmovilizándome haga conmigo lo que quiera.
Afortunadamente su cabeza cae de nuevo sobre el sofá y puedo terminar mi trabajo: Seccionar su sexo, incluidas sus enormes bolas. Mi hermanita mayor se recupera todavía- en la clínica- de la brutal violación a la que fue sometida por este hijo de perra, puesto en libertad sin fianza, a la espera de un juicio para el que no hay testigos, ni pruebas.
Cumplido mi objetivo me siento frente al televisor. No he planificado nada para después. Durante mucho tiempo contemplo sin ver las imágenes, de repente, en el informativo aparece un rostro, una fotografía policial idéntica a la cara del fulano que se desangra sobre el sofá. Subo el volumen.
-"La policía ha detenido a este peligroso delincuente al que se le atribuyen más de veinte violaciones en los últimos meses. Sometía a sus víctimas a todo tipo de vejaciones y brutalidades. Curiosamente el violador tiene un hermano gemelo- un conocido diseñador de moda- que lleva una vida ordenada y absolutamente normal y que, a veces, ha sufrido malos entendidos a causa del enorme parecido entre ellos”.

©Scila/
serie negra.

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