28/12/10

LA TOÑI


-¿Oyes como grita, madre? Es la Toñi, en la chabola de al lado, parece que estén matándola.
-Con tal de llamar la atención... le da igual a esa pelandusca- la mujer ignora los gritos y continúa zurciendo un calcetín, sobre la mesa camilla.
-El tío Garrafa le está haciendo algo, seguro- levanta la mirada del libro y la fija en la pared tras la que se oyen los gritos.
-Nada se nos ha perdido en ese entierro. No escuches hijo y, cuéntale a tu madre ¿cómo te va en la escuela nocturna?- con los dientes corta el resto del hilo.
-Pero... ¿No la oyes madre? ¿No te dan escalofríos esos quejidos? ¿Qué le estará haciendo su padrastro? Mal bicho ese tío Garrafa- el rostro del muchacho se contrae con cada alarido, los frágiles tabiques de la chabola vibran casi humanos.
-Anda, anda, no cambies de tema perillán. Dime, ¿son guapas tus compañeras de clase? Seguro que ya te has fijado en alguna, ¿eh? A tu madre puedes contárselo. ¡Qué digo puedes, debes contármelo!- trata de enhebrar la aguja de nuevo.
-Siempre con lo mismo, no enredo con chicas. El trabajo es duro y con la academia no tengo tiempo ni ganas de...
-¡Y poco orgullosa que estoy yo de mi hijo! El único en todo el barrio que sabe escribir a máquina- detiene su intento enhenebrar el hilo y le mira con embeleso maternal.
-¡Me importa mucho a mí el barrio! Esta gusanera miserable, no hay más que hambre y mala gente... como ese tío Garrafa. ¿Oyes madre? Ahora grita más fuerte. Tenemos que hacer algo. ¡Pobre Toñi!
-No te preocupes hijo, se lo habrá buscado. Así, así. Tápate los oídos, aprieta con las manos fuerte y no dejes que...
-¡No puedo madre, no puedo! ¡Sus gritos me duelen aquí dentro! Tengo que salir ahí fuera y...
-¡Alto ahí! De aquí no te mueves. ¿Quién eres tú para intervenir en asuntos ajenos? Recuerda: “entre padres, hijos y hermanos nadie meta la mano”. Esa es... una descarada, siempre calle arriba y calle abajo, medio en cueros, con esas tetas indecentes, enseñándolo todo... provocando a chicos y grandes, deja que la den su merecido. De... eso que le estarán haciendo, no se muere nadie.
-Aunque me arranque los oídos de cuajo, aunque apezcuñe los ojos la escucho, la veo. Sí madre, es como si estuviese viéndola sobre el camastro sucio, apestoso. Veo como muerde la almohada, tiene miedo y asco... Puedo ver, sin quererlo. Puedo ver el único ojo del tío Garrafa, legañoso, mirando a la Toñi; luego tendrá por todo el cuerpo verdugones, arañazos, golpes... ¡madre, la Toñi no merece eso!
-¡Basta ya! Veo que sabes mucho de ella y de esa casa. No te dejes enredar. No consentiré que esa puñetera se te meta en la sangre como a...
-¿Cómo a quien madre?- pregunta con repentina dulzura.
-Nada, déjalo, cosas mías- niega con la cabeza, nerviosa. Intenta reanudar el zurcido con dedos temblorosos.
 -¿Por qué la odias? No es mala, se está haciendo mayor muy deprisa y por eso se fijan todos en ella. Se está volviendo muy guapa, no puede evitarlo. La ropa le queda pequeña, corta. Su madre no le puede comprar otra, no enseña por malicia madre, es por miseria. Se desespera, querría crecer esmirriada y fea, con granos y espinillas, sin... tetas, para que los hombres no se metan con ella, pero... ni queriendo madre, puede la Toñi ser fea.
-Y, ¿todo eso te lo cuenta ella? ¡Què sentimientos tiene mi niño! No los malgastes prenda, esa no merece ni un suspiro tuyo. Quien mal anda mal acaba y, a la Toñi del demonio que Dios confunda, se la veía venir. No permitas que sus gritos y aspavientos te duelan, que esa familia de hampones vivan de sus basuras, de la chatarra, de los trapos, déjales que se pudran, déjales te digo- reanuda con gesto plácido la costura.
-Que bruta puedes ser madre. ¿Cómo puedes...? ¿Oyes esos gritos?, atraviesan los tabiques, se hunden como cuchillos en la carne?- se le escapa un sollozo.
-Lo digo por tu bien hijo. Ya encontrarás, a su tiempo, una chica de tu clase, una mujer de su casa, como tu madre- no quiere ver la tortura reflejada en el rostro aniñado.
-¿De mi clase madre? ¿De qué clase hablas? ¿Qué nos hace distintos? Capean la miseria con la chatarra y los trapos sí, pero tú vas a limpiar escaleras, padre se desloma en las obras y yo... ¡aprendiz de fontanero! ¿De qué clase hablas madre?- habla con vehemencia, apoyando ambas manos en el borde de la mesa.
-¡Qué sabrás tú, qué sabrás tú angelito! Hay mujeres malas y hombres... hombres débiles, tontos, sin voluntad- un suspiro teatral dilata su pecho.
-También hay hombres malos madre, como el tío Garrafa... como padre. Hombres que persiguen, pellizcan y soban a la Toñi. No disimules, sé por qué la odias. Lo sé y no te lo he dicho. La odias sí y, no es justo... ellos son los culpables, abusan de la fuerza, de la edad... ella entró aquel día en esta casa por mí, creyendo que estabas tú, ignorando confiada que padre es como...
-¡No sigas, calla! No quiero oírte, no acuses a tu padre. Ella fue la única culpable, les acecha, les provoca...¡Vete de una vez en busca de esa guarra! Eres como él, como tu padre. Encelado, hechizado por esa pequeña y sucia bruja- arroja el calcetín remendado sobre la mesa y limpia de su cara, a manotazos, unas lágrimas inexistentes.
Con la mirada extraviada contempla el rostro crispado, lloroso, de la madre. Entre sus dientes apretados escapa un grito incontrolado, toma algo de la mesa y sale. La puerta suena como un disparo al encajarse tras él.
Instantes más tarde se escucha un golpe sordo, sobre la madera de otra puerta. Tras un corto silencio nuevos gritos, carreras en la calle, gritos más próximos.
-¡Han apuñalado al tío Garrafa! ¡Se desangra en el suelo!
-¿Quien ha sido?- pregunta alguien.
-¡Ha sido ese mocoso, el novio de la Toñi!
Sentado sobre el camastro, acuna con tierno vaivén el cuerpo desmadejado, yerto, de la joven que oculta el rostro en el pecho agitado del muchacho.
-No sientas miedo cielo, no lo hará más. Nunca más- la mano derecha descansa sobre la cadera desnuda de la joven, en ella retiene las tijeras de su madre, por una de las hojas aceradas gotea la sangre sobre el mugriento jergón.

Diego R. Herrero
(Scila)

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